martes, 22 de mayo de 2012

Todavía la recuerdo

Todavía la recuerdo: era hermosa. Me encantaba verla como la dueña, más que de su espacio, del momento.

Los rayos de luna traspasaban las cortinas blancas de la ventana, iluminando un cuadro fotográfico detrás suyo. Se oía claramente la voz de Freddie Mercury, aunque la música no estaba sobre los diez decibeles. El display del estéreo tenía una animación que marcaba los graves y agudos de la música: hacía juego con el momento.

La escena era más bien como un descubrimiento: al adentrarme a la penumbra, caían sobre mí las nubes de humo que hacían pesada la atmósfera. Un sonido peculiar al que hace la lumbre se hacía acompañar por un pequeño aro rojo que consumía su cigarrillo.

¡Esos labios de amargura tan atractivos! Mira cómo los presiona… mira cómo los destensa…

El humo vuelve a esconderla.

Esa piel clara, ese cabello tan obscuro.

Una nube cubre la luna y una última inhalada extingue la llama. Todo se torna invisible y yo me largo a respirar.

domingo, 26 de febrero de 2012

Oxxos y melancolía

«Melancolía» se me hace una palabra exagerada. ¿Pero qué otra puedo ocupar para esta tristeza vaga?
«Tristeza» también suena exagerado…
Tal vez sólo estaba... —Sí, estaba. Tajante la oración, pero completa la idea—.

Ya se quería ir de ahí, ¿para qué había llegado?, ¿qué diablos buscaba?
No conocía la ciudad. Era así como un turista.
Ja, ¿«turista»? ¡No! ¡Turista, no! ¡Qué exageración! ¡Si ni siquiera le gustó esa ciudad!

—Este billete es para el camión —decía mientras miraba el interior de la cartera y apartaba con un dedo el billete referido—, y estos otros dos, apenas para sobrevivir esta semana. —Y como no entendiendo lo que acababa de decir, o como aquél que está harto de escuchar, sacó uno de los tres billetes y decidido entró al Oxxo…
—Hola. Bienvenido. ¿Qué va a llevar?

Le gusta entrar a los Oxxos, todos son iguales. Se siente en confianza… como si estuviera cerca de casa.
Al abrir la puerta para salir, hizo una mueca exagerada, fruncía su rostro en un intento de proteger su vista de la luz. Ya era tarde, el sol estaba escondido tras los edificios, y, no obstante, la luz del exterior irritaba sus ojos. «Siempre olvido esas gafas, caray», pensaba mientras abría la cajetilla.

Desde hace unos meses, cada vez que fuma, no ha podido evitar recordar las letras de Guso. Siempre ríe de forma confusa cuando lo recuerda: es ridículo que siempre piense en lo mismo… ridículo, pero le agrada.
[…] se arrojan por mi boca los malos momentos del día.
 Esas palabras son las que le hacían sonreír. Recordarlas producían un efecto como de «hacerse una limpia», figurativamente hablando.

El camión se detuvo y su puerta se abrió frente a él.
—¿A dónde vas? Bien, son veintisiete pesos.
Sin buscar lugares libres, se quedó en el primer asiento que a simple vista se veía acogedor, y por su amplio tamaño lo invitaba a quedarse ahí.
—Oh. Maldita sea. Olvidé mi libro —dijo para sí mientras se dejaba caer pesadamente sobre el asiento, haciéndose de una vez a la idea de que se quedaría dormido viendo la misma línea intermitente a lo largo de la carretera.



jueves, 23 de febrero de 2012

Baños y letras libres

Ya sé que entrar a un baño público no es algo para presumir…, pero, según yo, si no es relevante leer lo que la gente llega a escribir en las paredes, es muy entretenido y hasta divertido.
Lo bonito de esas paredes es que, si el dueño de los baños no tiene dinero para pintarlas, ¡nunca hay censura! Lo que abunda más son números telefónicos y groserías que buscan agredir a quien las lea. Se encuentran también conversaciones respecto a gente de lugares aledaños:

—El Gabo ni sabe jugar futbol.
—Sí, ¡se burla solo!
—¡Sólo toca el balón con su cara!
—¡Tráguense ésta, culeros! .|. eL GAb0 zthuv0 aki.

Podemos encontrar que la gente aconseja cada cosa:

—Mastúrbense.

Y la gente animosa sí responde:

—¡Ah, puerco! Pinta tu cola.
—Ya. Se sintió chido.
—Ya ni me voy a sentar aquí. D:
—No lo había pensado, pero ya que lo dices…

Existen agresiones dirigidas hacia los líderes políticos.

También hay quienes redactan versos para el baño, muy populares por cierto:
No hay placer más exquisito
que cagar bien despacito.
En este lugar sagrado
el que de escribir versos se acuerda
no me vengan a decir
que es un poeta de mierda.
Tanto desestrés, caray. Cada frase cargada de intensidad, de ganas de liberar algo. Lo que más me llamó la atención fue una frase que con desenfado decía «Hola a todos. Tengan un muy bonito día». Me hizo sentir mal como persona.


viernes, 30 de septiembre de 2011

Marco

—Anda, ya vete.
—Ya no quiero irme, me siento tan bien aquí.
—Todavía no perteneces a lo nuestro.
—¿Qué tengo que hacer?
—Vete ya…

—Embotellamientos aquí y allá…
—¿Qué hora es?
—Esto se debe a la tremenda granizada que apareció durante la madrugada.
—¿Y mi reloj?
—¡Hace un frío tremendo!
—Ah, ¡por fin! —Gritó mientras se caía de la cama—.  ¡Las seis treinta! ¡Llegaré tarde a la escuela!
—Por favor, amigos conductores, tengan muchísimo cuidado. Ahora escuchemos el nuevo sencillo de…

Así es como Marco empezaba su día, uno entre tantos otros, pero, aun así, uno diferente.

—¡Taxi! —Marco trataba de aguantar el frío de la mañana mientras esperaba—. A la universidad, por favor.
—¡Qué frío, ¿verdad, joven?!
Marco no contestó. Tenía la mente distraída, no sabía en qué, pero ya no se sentía él mismo. Estaba acostumbrado siempre a platicar con todos y acerca de cualquier tema, y, sin embargo, en esta ocasión no estaba dispuesto a responder  sobre cosas nimias ni obvias.
—Son treinta y cinco pesos.
—¿Eh? Sí, aquí tiene —Así, pues, se dirigió a su salón de clases sin, siquiera, mirar a sus amigos (algo que jamás en la vida haría).
—Muy buenos días, jóvenes —exclamó el profesor—. Qué bueno verlos en clase no importando el clima que hace.
Muchos rieron entre dientes.
—¡Marco!, andas muy distraído. Tú pasarás primero. Sí estudiaste tu tema, ¿verdad?
Marco nunca estudiaba lo que los profesores le pedían, pero él era autodidacta para muchísimas otras cosas de su interés. Daba la casualidad que, sin querer, el tema lo dominaba a la perfección. Él no suele ser muy elocuente, pero quizá por el hecho de que su mente estuviera "flotando", quizá por eso, tuvo una tremenda facultad para expresarse, ni siquiera lo notó, él ya quería irse, y apenas acababa de llegar.
—¡Excelente, Marco!, tu nota es un diez —le dijo mientras ya la estaba escribiendo en su lista—. ¿Alguien tiene alguna duda? —Se dirigió hacia al grupo.
Obviamente nadie la tendría, la explicación fue un deleite para todos, hasta para la típica niña que se dormía en clases.
Marco se dirigió hacia su asiento, de alguna manera se sentía perturbado, pero no sabía por qué. Noel, su compañero, era el siguiente en exponer. Marco siempre ha odiado escuchar a sus compañeros, sin embargo lo hacía, los escuchaba atentamente, pues son sus compañeros. Esta vez sería la excepción, no está dispuesto a perder su tiempo con una bola de ignorantes. Entonces, sacó discretamente su libro, y comenzó a leer, olvidando que había vida a su alrededor; bueno, la vida real está entre las hojas del libro que lee. «Aquí la gente es gente, y no máquinas de apariencias ni costumbres», pensaba mientras leía.
—Muy bien, chicos —dijo el profesor—, la sesión ha terminado. Los espero mañana con el ensayo que les encargué hace unos días.
La siguiente clase sería inglés, que por cierto es la favorita de Marco. A Marco le encanta aprender todo idioma posible. Pero en esta ocasión, él no quería estar tan rodeado de gente. Marco guardó su libro en la mochila y sacó un reproductor de música y sus audífonos. Se fue a su café preferido escuchando a Vicente Gayo. ¡Qué antojo de un moka!

—Hola —saludó una muchacha a Marco.
—Hola —contestó, sin prestarle mucha atención.
—¿Por qué no pruebas el té Chai?, está buenísimo en verdad —ahincó la muchacha esperando a que él la mirara.
—Demasiado tarde, pero gracias —dijo mientras escogía otra pista de audio.
—Hace mucho que no te veía —suspiró.
—¿Qué dices? —Dijo con extrañeza mientras se quitaba los audífonos—. ¡Brenda!, ¡Brenda! —Exclamaba mientras se ponía de pie y abría los brazos para recibirla con afecto—. Maravilloso. Qué bueno es verte.
—Hola, Marco —decía mientras recibía el abrazo—. Tanto tiempo.
Entre ellos había una extraña amistad. Ninguno de los dos sabía en dónde vivía el otro, pero, aun así, eran excelentes amigos. Lo único que sabían de sí eran sus números del celular, pero Marco siempre perdía cada móvil que tenía en manos; así que fue imposible comunicarse más, hasta ahora.
En este café se conocieron, aquí se besaron, se abrazaron, se dieron afecto, bromearon, lloraron y jugaron ajedrez.
Cuatro horas pasaron para que se pusieran al tanto de sus vidas y, sin quererlo, se enamoraran por el solo hecho de sentir que se necesitaban desde siempre. Brenda le dijo que quería viajar por todo el país, explorarlo e investigarlo hasta el fin sin tener un solo centavo. A Marco le pareció maravillosa la idea, Brenda con un gran placer lo invitó a que se uniera. Tan locos los dos que ese mismo día se fueron…

Vivieron felices por mucho tiempo. Hicieron el amor en lugares solitarios, en lugares públicos, en la playa y en la montaña; conocieron los lugares más hermosos del país; y conocieron a la gente más extremista de todas. Sus vidas fueron de lo mejor, y, quizá, murieron atropellados… No lo sé, yo me voy a dormir, pues es muy tarde.

viernes, 15 de abril de 2011

Café, cigarrillos, apuestas y lluvia...

Allí estábamos: tomando café, fumando cigarrillos y jugando Maratón. Apostamos que aquél quien perdiera el juego, le invitaría, la próxima vez, el café al ganador. Gané... pediré otro moka french vainilla. Así se nos pasó la tarde; entonces, comenzó a llover... fue más agradable el momento, pues los cigarrillos me ocasionaban un placer más sensual.

Decidimos irnos, importándonos nada el frío que la lluvia y el viento de Pachuca nos ocasionaba. Mi camisa mojada, que era holgada, ondeaba frecuentemente golpeándome la espalda, haciendo que a cada rato me estremeciera a causa del frío.

Después de la despedida, tomé el transporte público, estaba tibio y me sentí a gusto. Es entretenido escribir sobre los cristales empañados, a través de cada trazo podía ver a la gente caminando sobre las aceras, temblando y protegiéndose del frío con sus propios brazos.

Al bajar, me dirigí hacia mi casa. Sobre las calles corrían pequeños arroyos... por suerte, los rayos iluminaban el paso —porque las lámparas apenas alumbraban todo, menos el suelo... yo no lo distinguía bien— y así no me mojé los pies; porque eso sí, adoro la lluvia, pero que no se meta con mis pies.

viernes, 29 de enero de 2010

Adopta






¿Cómo no querer a Pachuca siendo ésta una grandiosa ciudad? Me encanta vivir en esta ciudad, pasear por sus plazas y calles, disfrutar de todo lo que me rodea… En Pachuca existen bonitos lugares para caminar, está una calle agradable llamada calle de Madero, pero ¡oh sorpresa!, la calle es agradable, mas hay un punto horrible, sólo un punto horrible a lo largo de ésta...

Al caminar sobre la banqueta, escuché un ladrido. Volteando hacia la izquierda encontré el origen: un lindo perrito ladrando. Me detuve y decidí entrar al local en donde se encontraba, estaba yo en una tienda de mascotas, que por cierto se llama Acuario… ¡qué horrible lugar!, estaba siendo espectador de la venta de un perrito. Los compradores hacían notar su ignorancia acerca de todos los cuidados que debe tener un animal, y, ¡claro!, el porqué de mi coraje es la falta de ética del vendedor: apenas les explicó que un perro también come, y eso haciendo promoción al alimento que él vende. Todos los animales ahí (perros, peces, un gato, conejos, iguanas y hasta chinchillas) tratados con poca higiene y en lugares (jaulas) tan faltos de espacio.

Viendo eso quise llevarme a todos tan rápido, deseé que ya no estuvieran ahí, ¡pero qué realidad!, si compro un animalito así y me lo llevo, estaré beneficiando al señor y a su terrible negocio, y así él tendrá más y más mascotas a las cuales castigar...

¡Adopta! sólo si sabes como tratar dignamente a un ser vivo, ¡Adopta!, ¡no compres!, no favorezcas a gente así de cruel e insensible...