Era medio día: el cielo azul y todo resplandecía en rededor. Por esa razón, cuando más concentrado estaba en mis labores, me desconcerté al percibir que el fulgor de las cosas se opacaba, y todo se reducía a una penumbra, como si las nubes hubieran llegado rápidamente y acarreado una repentina lluvia. La luz disminuía a la par que mi mirada se dirigía al cielo. El cielo tan negro como la noche, con las estrellas más brillantes que nunca antes hubiera yo recordado. Al bajar la mirada, distinguí a alguien acercándose, con unos gestos relajados, actitud que me brindó confianza entre la abrumadora incertidumbre que me provocó la situación.
“Quiero decirte que estoy bien”, me dijo con una sonrisa tranquilizadora. Su tez clara y su aspecto güero ahora parecían más rubios que antes: como si toda su esencia hubiera absorbido la claridad que había momentos antes. “También quiero que se lo digas a mi mamá. Que ya no esté triste, para que yo deje de estar al pendiente y pueda irme sabiendo que todo está bien”. Rio casi para sí, con sus amorosos ojos de azul inmenso, que probablemente capturaron el cielo del mediodía.
Mis ojos se nublaron. Creo que me abrazó. Tallé mis lágrimas, y al distinguir nuevamente, él ya estaba lejos caminando de regreso al lugar de donde vino. Las estrellas se iban con él: creo que eran sus testigos. Se devolvió la luz. Sonó el despertador.
domingo, 23 de junio de 2019
martes, 5 de junio de 2018
Viajes y recuerdos
¿Está lloviendo en Veracruz? Le hago la pregunta porque por acá se han estado asomando las nubes desde hace algunos días. Ojalá que llueva: la siembra ya lo necesita. El tiempo ha estado muy raro porque, por ejemplo, en mayo hubo heladas, y se supone que no debería, sino que se siembra para aprovechar el calor. Al terminar abril llovió durante unos días: pensábamos que ya iban a empezar los tiempos de aguaceros, pero no fue así. Mira esa milpa: la parte amarilla son hojas quemadas por el hielo. Si llueve pronto y constantemente, esas plantas van a recuperarse; si no, puede que ya no se obtenga lo que se quería, incluso hasta se pierda. Cuando la siembra va bien, puede ganarse mucho, pero cuando no, las pérdidas económicas también son grandes. Recuerdo que en los ochenta yo sembraba cebada. Llegué a vivir en un pueblo que está detrás de ese cerro. Un señor me ofreció unas tierras, me daba las semillas para empezar y yo tenía que venderle toda la cosecha. Salía en caballo desde el pueblo hasta la estación del ferrocarril: eran 17 kilómetros. El caballo, a trote normal, se tardaba entre dos y tres horas en llegar. Yo abordaba el tren y me entrevistaba con el señor hasta llegar al Puerto. Ahí me daba dinero para los gastos del campo, pagarle a los trabajadores y lo que se fuera necesitando. Antes no había problema de que te asaltaran en el camino. Traíamos el arma, pero la escondíamos con el abrigo, y nadie se alarmaba. La gente lo veía muy normal porque la usábamos únicamente si había necesidad: nunca la hubo. No como en estos tiempos: en Libres unos señores asaltaron a unas personas, el pueblo los atrapó y se los entregó a la policía. Los policías los soltaron y, entonces, el pueblo se enfureció y hasta quemó la comandancia. Ya los que tienen poder no administran: buscan la manera de entrar al mando para, con sus compinches, formar equipos de robo y saqueos al país. Donde quiera está así. Si no nos organizamos, nadie nos va a cuidar. Los militares hace poco me registraron el arma, sin más, pero sé que ahora, si la policía te ve con un arma, te asigna cargos que nunca se cometieron, como robos y violencia, pero a sus protegidos delincuentes solo los detienen por un día o dos. Hasta se burlan. Antes no. El señor me daba el dinero, y yo llegaba intacto hasta el pueblo y podía repartirle el pago a todos los trabajadores. Trabajar en el campo es muy cansado, pero es lo más sano que se puede hacer: uno no se enferma y, a la vez, curte su cuerpo. Recuerdo que solía tener un físico muy trabajado. Ahora ya no trabajo porque todos mis hijos ya formaron sus vidas. En este momento voy a ver a una de mis hijas en esta ciudad a la que estamos llegando. Que tenga un buen camino.
miércoles, 22 de marzo de 2017
¿Pero dónde está Dios?
¿Por qué crees que Dios te ha abandonado? Qué tonto. Si sigues así, creerás que no existe, pues no lo vas a hallar en ninguna parte. No busques más: no está en el aire que respiras, no está en las estrellas ni sobre las nubes; no está en las iglesias ni en las pirámides; tampoco está en tu mente ni dentro de ti. Vaya cosa. Deja de depender de todo. Dios eres tú. Basta de actuar como un parásito que no cesa de pedirle a la vida: no eres una cría, sino Dios. Ya no sigas manadas. ¿Ahora te sientes solo? ¿Desamparado? No eres el único. Tú, yo y ellos somos Dios. Dios, Dios, Dios, Dios. Dios. Observa. Crea. Aprende. ¡Despierta!
viernes, 19 de agosto de 2016
Dalias
jueves, 21 de julio de 2016
Perdición
—Creo que cuando estás en tu juicio ni me gustas ni me llamas la atención…, pero cuando estás borracho, bien que me atraes.
Y, desde entonces, siempre llegaba ebrio a visitarla.
Y, desde entonces, siempre llegaba ebrio a visitarla.
martes, 19 de julio de 2016
Niños libertadores
—Papá, yo tengo una idea.
—¿Cuál es tu idea, mijo?
—Pídele perdón a los policías… para que ya te dejen salir.
No pudo responder. Únicamente las lágrimas brotaron de sus ojos.
—¿Cuál es tu idea, mijo?
—Pídele perdón a los policías… para que ya te dejen salir.
No pudo responder. Únicamente las lágrimas brotaron de sus ojos.
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